Virus Rift Valley

  • rift valley fever

La fiebre del valle del Rift (Rift Valley fever, RVF) es una zoonosis vírica causada por el virus de la fiebre del valle del Rift (RVFV), un miembro del género Phlebovirus. Afecta principalmente a animales domésticos como ovejas, cabras, vacas y camellos, aunque también puede infectar al ser humano. La enfermedad tiene una gran importancia sanitaria y veterinaria, ya que puede provocar brotes graves en ganado, con elevadas tasas de aborto y mortalidad, además de importantes pérdidas económicas. El virus se describió por primera vez en 1931 en el valle del Rift, en Kenya, y desde entonces se han notificado brotes en distintos países del África subsahariana, Egipto, Arabia Saudí y Yemen. 

Transmisión y reservorio. El Rift Valley fever virus se transmite principalmente por la picadura de mosquitos infectados, especialmente de los géneros Aedes y Culex, aunque otras especies pueden participar en la transmisión según la región. En los animales, el virus circula sobre todo entre rumiantes mediante mosquitos vectores, y puede mantenerse en la naturaleza por transmisión vertical en mosquitos Aedes, pasando de la hembra a su descendencia a través de los huevos. En el ser humano, la infección se produce con frecuencia por contacto directo o indirecto con sangre, órganos, tejidos o fluidos de animales infectados, por ejemplo durante el sacrificio, el despiece, la asistencia al parto o los procedimientos veterinarios. También puede adquirirse por picadura de mosquito infectado. Hasta la fecha, no se ha documentado transmisión persona a persona

Características clínicas. El periodo de incubación de la fiebre del valle del Rift suele oscilar entre 2 y 6 días. La mayoría de las infecciones humanas son asintomáticas o cursan como una enfermedad leve y autolimitada, con síntomas parecidos a un cuadro gripal: fiebre de inicio brusco, cefalea, mialgias, artralgias, debilidad y malestar general. Algunos pacientes pueden presentar además rigidez de nuca, fotofobia, anorexia y vómitos, por lo que en fases iniciales puede confundirse con otras infecciones agudas o incluso con meningitis. En la mayor parte de los casos, los síntomas duran entre 4 y 7 días, coincidiendo con la desaparición de la viremia y la aparición de anticuerpos. 

Un pequeño porcentaje de pacientes desarrolla formas graves de Rift Valley fever in humans. Las principales complicaciones clínicas son tres. La forma ocular aparece en aproximadamente 0,5–2% de los casos y puede producir lesiones retinianas, visión borrosa o pérdida visual, a veces permanente cuando se afecta la mácula. La forma meningoencefalítica, menos frecuente, puede manifestarse con cefalea intensa, confusión, desorientación, convulsiones, letargo o coma, y dejar secuelas neurológicas importantes. La forma hemorrágica es la más grave: suele comenzar con afectación hepática importante y puede evolucionar con hematemesis, sangrado digestivo, púrpura, epistaxis, gingivorragias o sangrado en puntos de punción. En estos casos, la letalidad puede aproximarse al 50%

Diagnóstico. El diagnóstico clínico de la fiebre del valle del Rift puede ser difícil, especialmente al inicio, ya que sus síntomas se parecen a los de otras enfermedades infecciosas como el paludismo, la fiebre tifoidea, la fiebre amarilla, la shigelosis y otras fiebres hemorrágicas víricas. Por ello, la confirmación de laboratorio es fundamental. Las técnicas recomendadas incluyen la RT-PCR (reacción en cadena de la polimerasa con retrotranscripción) para detectar RVFV RNA, así como métodos serológicos como ELISA para IgM e IgG. También puede realizarse aislamiento viral en cultivo celular, aunque esta técnica requiere condiciones de máxima bioseguridad. Las muestras clínicas no inactivadas se consideran de alto riesgo biológico y deben manipularse y transportarse con medidas estrictas de contención. 

Tratamiento y prevención. No existe un tratamiento antiviral específico aprobado para la mayoría de los casos de Rift Valley fever virus infection. En pacientes con formas leves, suele bastar con medidas generales y tratamiento sintomático. En los casos graves, el manejo se basa en soporte intensivo precoz, con rehidratación, control de complicaciones y tratamiento de los síntomas específicos. En cuanto a la prevención, el control de vectores y la reducción de la exposición a animales infectados siguen siendo medidas fundamentales. Existe una vacuna inactivada para uso humano que se ha utilizado de forma experimental en personal con alto riesgo de exposición, pero no está autorizada para su comercialización general. Actualmente se siguen investigando nuevas vacunas candidatas

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