Enfermedades infecciosas

Zika

El Zika es un arbovirus de la familia Flaviviridae, de la que también forman parte los virus del Dengue, Fiebre amarilla, Encefalitis japonesa y West Nile. Se trasmite por la picadura de mosquitos infectados del género Aedes, principalmente Aedes aegypti.

Desde su primer aislamiento en África se han producido pequeños brotes, casi exclusivamente en este continente, hasta que en el año 2007 se produjo una epidemia en la isla de Yap (en Micronesia), donde cerca del 75% de la población resultó infectada.

Desde su descubrimiento numerosos estudios epidemiológicos, serológicos y entomológicos han confirmado la circulación del virus en varios países africanos (Nigeria, Sierra Leona, Costa de Marfil, Camerún y Senegal) y asiáticos (Paquistán, Indonesia, Filipinas, Malasia, Camboya y Tailandia).

El 3 de marzo de 2014, Chile notificó a la OPS/OMS la confirmación de un caso de transmisión autóctona de fiebre por virus del Zika en la isla de Pascua. En mayo de 2015, las autoridades de salud pública de Brasil confirmaron la transmisión de virus Zika en el nordeste del país. Desde octubre de 2015 otros países y territorios de las Américas han informado de la presencia del virus.

Características clínicas: Los síntomas más comunes son fiebre leve y exantema. Suele acompañarse de conjuntivitis, dolor muscular o en las articulaciones, con un malestar general que comienza entre 2 y 7 días después de la picadura de un mosquito infectado. Los síntomas son similares a los del dengue o del chikungunya, que también son transmitidos por el mismo tipo de mosquito.
Las complicaciones (neurológicas, autoinmunes) son poco frecuentes, pero se han descrito en los brotes de la Polinesia y más recientemente en Brasil. Entre las complicaciones neurológicas que se están estudiando que pudieran tener relación con el virus Zika están el síndrome de Guillain Barré, mielitis, meningitis y meningoencefalitis.También se ha observado un aumento de malformaciones en recién nacidos y de la incidencia de microcefalia, en las áreas afectadas por este virus.

Diagnóstico: En la mayoría de las personas, el diagnóstico se basa en los síntomas clínicos y sus antecedentes epidemiológicos (viaje a zonas donde circula el virus). Además hay pruebas de laboratorio que utilizan una muestra de sangre que pueden contribuir a confirmar el diagnóstico. Algunas son útiles en los primeros 3 a 5 días desde el inicio de los síntomas (PCR, que detecta el virus), y hay otras pruebas que detectan la presencia de anticuerpos pero que son útiles sólo después de 5 días (serológicas).

Tratamiento: No hay tratamiento específico frente a este virus ni vacuna. En los pacientes con síntomas el tratamiento se centra en aliviar los mismos (fiebre, dolores osteomusculares, cefalea, etc) con analgésicos y medicamentos para la fiebre. También se recomienda reposo y beber líquidos abundantes, especialmente en climas cálidos y en pacientes con fiebre alta, para prevenir la deshidratación. En general se desaconsejan la aspirina y los antiinflamatorios no esteroideos (como el ibuprofeno) al inicio de los síntomas, y hasta que se confirme el diagnóstico, por si se tratase de un dengue.

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